Autor: Luis María Dossena.
Las galerías de arte temporales, los bares nocturnos y los murales callejeros le dan al viejo San Telmo un ambiente bohemio. Repleta de anticuarios y rústicos restaurantes de carne, la calle Defensa atraviesa la plaza Dorrego, que alberga un mercado de pulgas y artistas callejeros que atraen a los turistas todos los domingos. En el parque Lezama, los senderos serpentean alrededor de altos árboles de jacarandá y el italiano Museo Histórico Nacional. El barrio cuenta con muchos establecimientos que ofrecen cenas con espectáculos de tango. San Telmo fue habitado por las familias más ricas de la ciudad hasta que, en 1871, la epidemia de la fiebre amarilla asoló la zona y los supervivientes se desplazaron hacia el norte de la ciudad. Tras la huida de las familias acomodadas, los inmigrantes europeos aprovecharon las edificaciones coloniales agolpándose en los llamados «conventillos», en los que las familias malvivían hacinadas en pequeños cuartos. Mientras el norte se enriquecía, San Telmo llegó a un punto de decadencia muy elevado, por lo que se consideró su demolición. En 1970 se creó la feria de antigüedades de la Plaza Dorrego y se tomó la determinación de conservar el importante patrimonio